Dicen que debo presentarme.
Supongo que es todo cuestión de buena educación.
Soy yo, pero también soy tú. Soy una chica normal y, a veces, todo lo contrario.
Crecí siendo una buena estudiante, intentando ser buena amiga, hermana, hija o nieta. Contentar a todos y «hacerlo bien». Sin embargo, con eso no siempre es suficiente.
Empecé a trabajar desde joven, con el deseo de tener independencia y de aprender por mi misma muchas cosas que la vida solo enseña cuando te dejas el culo en algún sitio. Por suerte nunca sufrí demasiado. Solo el sufrimiento justo que implica pasarse casi 15 de tu vida estudiando y trabajando e intentando hacer ambas cosas de la forma más perfecta posible. Dar el 10 en todo. Porque si te esfuerzas en ser la mejor, algún día la vida te lo devolverá en forma de recompensa. Quería poner entre comillas esta frase. Pero hoy no deseo darle más bombo. Porque todo es mentira.
Soy una treinteañera como otras, decepcionada con el sistema o con la vida que una vez le animaron a soñar (sí, me voy a quitar parte de la responsabilidad de la mentalidad romántica e irreal). Estudié lo que deseé (Neuropsicología), aunque disfruté poco de la vida universitaria. Siempre tenía «algo que hacer». Y con el paso de los años no creo que haya encontrado lo que aspiraba tras el esfuerzo.
Hace 7 meses dejé mi trabajo tras 7 años. Rescindí el alquiler de mi casa. Vendí o regalé casi todas mis cosas. Guardé el resto en un trastero. Compré un pasaje de avión sin vuelta. Cogí mis cuadernos y llené una maleta pequeña.
El viaje no empezó en ese momento. El viaje comenzó mucho tiempo atrás. Pero sí empezó la decisión de empezar a vivir la vida que siempre quise tener.
No está siendo sencilla. Por el momento, siempre soñé con escribir un libro. Y para escribir, solo hay que hacer una cosa… escribir.
Bienvenido a mi blog.